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Mensaje por Jack Unterweger el Lun Sep 09, 2013 5:29 pm

I like a bird too... because they can fly away when things get too Crazy, I guess... - Tate Langdon.




El frio azotaba cruelmente las calles de Amberes en pleno otoño, el primero que presenciaba Jack desde que se había mudado hace algunos meses atrás. Las coloridas hojas se desprendían de los arboles crujiendo bajo sus pisadas, caminando con las manos metidas en su cazadora negra que contrastaba con su cabello castaño oscuro y su piel pálida por el frió, uno al que se había acostumbrado toda su vida, uno que no le era extraño en absoluto y que lo calentaba más que cualquier recuerdo. Sus pasos se hacían cada vez más lentos cuando la clínica local empezó a hacerse presente en su vista, llevaba ya más de 8 meses como Psiquiatra en la unidad de salud mental y aunque le gustara su trabajo y su vida ahora mismo sentía como si algo le faltara, algo en su interior que había descubierto hace un par de años, pero como todo en su vida tuvo un adiós corto y definitivo, volviendo al comienzo uno más oscuro pero así eran las cosas para él desde que tenía memoria nada duraba lo suficiente para que valiera la pena y dolor mucho menos el esfuerzo ni el tiempo invertido en intentar dejar de pensar en lo estúpido que fue al creer que las cosas podrían cambiar, su orgullo ya lo había pateado lo suficiente para volver a la perturbadora normalidad.

Su vida había dado una vuelta de 360 grados desde que había salido de Inglaterra, había buscando un nuevo lugar, lejos de todos los recuerdos que le molestaban, había cambio todo, su teléfono, su casa, la ciudad y el país, inclusive él había cambiado aunque seguía siendo el mismo, igual de frió e insensible un poco más orgulloso y soberbio, un poco mas enojado, un poco mas lleno de sentimientos oscuros y malintencionados. Había intentado cambiarlo pero solo había recibido una cachetada y un empujón que lo  mando lejos de sí mismo, luego ni siquiera un adiós. Para Jack, ese recuerdo tanto como la persona que lo ocupaba, estaba muertos y enterrados en su pasado, ahora tenía una vida nueva y le gustaba tal y como estaba. Con eso en mente cerro todo pensamiento o sensación que dijera lo contrario mientras una sonrisa torcida se movía entre sus labios al momento de cruzar las grandes puertas abiertas que daban a la costosa clínica en donde trabajaba, conduciendo sus pasos hasta el ascensor que lo llevaría a su consultorio ubicado en uno de los últimos pisos del edificio, presiono el botón para llamar el elevador y mientras esperaba una ambulancia llevo ruidosamente segundos antes de que una camilla fuera arrastrada por la sala de emergencias, Sin darle mucha importancia se giro hacia el sonido de puertas abriéndose negó levemente antes de caminar dentro de la caja de hierro apretando otro botón segundos después sintió el movimiento ascendente clavando sus ojos en las paredes de metal que mostraban su propio reflejo, la cazadora negra y el uniforme azul marino eso era ahora, un poco de sus dos vidas.

Jack se detuvo mirando los expedientes sobre su escritorio mientras deslizaba la bata blanca que tenía una pequeña placa en la solapa derecha con su nombre y cargo por sus hombros ajustándola y organizando el cuello cuando la puerta fue tocada tres veces antes de ser abierta, se giro mirando a la enfermera frente a el, con los ojos bajos y sumisos así parecían todas ante Jack, ese conocimiento le hizo sonreír de forma amarga – Doctor Unterweger. Tiene una nueva paciente asignada en la habitación 133 en la unidad psiquiátrica – Su voz pausada y respetuosa manteniendo una distancia prudente entre los dos como si temiera alguna represaría, la escena era ridícula pero más que típica en su vida. Asintiendo empezó a caminar a su lado mientras ella lo guiaba hacia la habitación dándole una pequeña descripción de la mujer, el escuchaba atentamente con los brazos cruzados. Un típico ataque de pánico por una fobia extrema, había visto muchas personas con ese tipo de trastornos, era sorprendente y fascinante como la mente humana engrandece hasta el mas pequeño miedo, haciéndolo tan insoportable que podría conducir a la muerte por alguna falla cardíaca.

-Bien, gracias. – Dijo simplemente antes de abrir la puerta de madera que daba a la habitación con una sonrisa en sus labios que se desvaneció en el momento en que vio a la mujer que estaba inconsciente sobre la cama, se quedo inmóvil completamente frió hasta la médula, su reacción no fue pasada de alto por la pequeña mujer morena a su lado que lo miro fijamente - ¿Doctor, pasa algo? – Jack guardo silencio por algunos segundos y luego parpadeo aun sin creer lo que estaba viendo, se aclaro la garganta mientras adquiría otra vez su expresión neutral y estoica – No, todo está bien, ya puede retirarse necesito empezar con mi trabajo – Segundos después se encontró solo en la habitación con excepción de la mujer sobre la cama, frunció el ceño mientras cerraba la puerta y se acercaba a la cama mirando las relajadas facciones de su rostro pálido y su pelo rubio brillante estaba desparramado por la almohada blanca, se veía pequeña casi diminuta con la bata azul claro y las pesadas mantas sobre ella, de pronto su mente era un caos mientras algo cálido se arrastraba por su interior apretándole la garganta.

Matilda. – Dijo sin poder evitarlo. Quería tocarla había pasado mucho tiempo desde que lo había hecho por ultima vez y el pensamiento lo hizo darse una patada mental dando unos pasos hacia atrás apartando la línea que estaba tomando su mente, estaba enojado, molesto, mas que eso. Pero aun luego de dos años y algunos meses no podía entender por qué.

El reloj corrió ruidoso sobre la pared, el constante tic-tac lo estaba volviendo loco mientras la miraba fijamente sentado a un lado de su cama con una mano sobre su regazo y la otra enterrada en su hebras oscuras tratando de desenmarañar lo que sea que le estuviera pasando, ¿A caso estaba preocupado por su estado? - No. Es solo un asunto profesional, Soy su doctor es mi trabajo que este bien. – Se dijo así mismo, antes de levantarse y tomar el archivo con su diagnostico inicial, empezó a leer las notas tomando toda su concentración para ignorarla mientras estaba parado frente a su cama con la carpeta entre sus manos. No pudo ignorar el alivio que lo inundo cuando termino la primera pagina. Un ataque nervioso luego de quedarse atrapada en un ascensor, Había sido sedada para tranquilizarla al llegar, no parecía nada serio pero no pudo evitar recordar sus palabras – Pido ir por las escaleras, es que no me gustan… los ascensores. – Escucho su voz ronca y femenina en su cabeza, desde ese entonces lo había sabido y ahora confirmaba sus sospechas sobre el oculto miedo de Matilda.

Sus ojos se levantaron de los papeles en sus manos mientras se erguía mirándola parpadear unas cuantas veces antes de enfocar sus ojos azules en el, una plana sonrisa que remarcaba los hoyuelos en sus mejillas se asomo en sus labios – Veo que despertó señorita Schmark, Soy el doctor Unterweger, esta aquí por un ataque nervioso a causa de la claustrofobia que padece – Su voz tranquila y reservada, sus ojos la revisaron de una manera clínica sin ningún tipo de calor o sentimiento mientras caminaba mas cerca de la cama dejando la tabla con sus resultados sobre la mesa de noche a su lado izquierdo - ¿Cómo se siente? – Le pregunto como lo haría con cualquier otro paciente, como si no la conociera y así estaban las cosas para Jack, Matilda  era parte de su pasado y la mujer sobre la cama que lo miraba de forma extraña era trabajo, solo trabajo.
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Re: What can I do? To reach out to you. - Privado

Mensaje por Matilda Schmark el Mar Sep 10, 2013 1:25 pm

"I hate it here. I hate everyone. All their bourgeois designer bullshit, the east coast was much cooler. At least we had weather" - Violet Harmon
Los aviones no podían teletransportar su mente así como hacían con su cuerpo. Hacía tan solo unas horas que había descendido en Bélgica pero sus ojos todavía renegaban en la rabia cuando vio por última vez a su hermano yéndose en aquel Mini Cooper con la pegatina de un rosario en su parte posterior. La impotencia reinaba en sus entrañas, nunca había encontrado algo que no tuviera solución o respuesta lógica, nunca nada la había exasperado al punto de perder la razón al borde de colapsarla. Las palabras eran su fuerte pero por primera vez en su vida, en su nueva vida, se había visto demasiado abrumada, perdedora del sistema jurídico inglés que le había negado el poder sobre George y en consecuencia por su atrevimiento, encontró sus legajos inconclusos. El Karma arremete cuando menos te lo esperas y más lo mereces, por sobre todas las cosas su padre ausente hizo presencia para limpiar su nombre, o mejor dicho cuidar de su apellido asegurándose que ahora su Hija Delictiva no fuera más que un mero altercado inocente con la policía donde el alcohol medió el infortunio y nada más. Schmark era un apellido de renombre en Inglaterra que debía ser cuidado de cualquier prensa amarillista, el pasado de Poppy como él le decía era el material perfecto para destruir una dinastía que ella ignoraba. Dos años en los que el pasado volvió a atormentarla y todo de lo que una vez había huido ahora la acosaba y amenazaba con doblegar la apuesta y terminó haciéndolo. El rostro neutral de la joven era una porcelana que no tenía rajaduras cuando por dentro no era más que mil pedazos sostenidos por lo que una vez había logrado ser. Terca y soberbia confiaba demasiado en sí misma y en reconstruir nuevamente su vida en el extranjero. Tenía la oportunidad y la necesidad de hacerlo y no le hacía falta nada ni nadie más, o por lo menos de eso es de lo que quería convencerse.

Las semanas se transformaron en un mes en que ya recorría los pasillos de la Universidad. Estaba acostumbrada a las miradas obscenas y fantasiosas que ignoraba sin cautela ni disimulo, no le importaban ni tenía ganas de aprovecharlo todavía. Su mente pedía que se relajara pero era algo que iba contra su propia naturaleza, y maldita sea nuevamente estaba llegando tarde a su clase de Filosofía, hacía tan solo una semana que habían comenzado y ya sería la segunda vez. Lo cierto es que no era por pereza, las profundidades azules se perdían en la mar de gente austeros, buscando algo inconscientes que sabía que no hallarían por más de que…Matilda, estás siendo una idiota. La nostalgia mata. La nostalgia de lo que no fue mata, lo tuyo es solamente idiotez. Los párpados cayeron con pesadez tratando de borrar cualquier idea de su mente, necesitaba concentrarse en algo tan terrenal como las manecillas del reloj que giraban más adelantas de lo que sus pasos podrían permitirle. El destino nos seduce y engaña, nos tienta y a veces, solamente a veces, termina siendo lo correcto. La luz volvió a sus retinas cuando no solamente su visión volvió a tener nitidez sino las puertas del ascensor de acero. Eran cinco pisos y no había otra alternativa. No pensó más actuó, entrando tocando el botón de la quinta planta. Las puertas se cerraron y pudo sentir como la sangre de sus venas palpitaba bajo su piel. Su pecho comenzaba a tener peso, respirar pasó a ser una necesidad cuando el aire no entró a sus pulmones. Algo agudo le estaba molestando, doliendo contra sus yemas hasta sentir como las articulaciones de sus dedos le dolían de tanto presionar sus manos, cerradas sobre sus propias muñecas. Entonces el destino arremetió una vez más. Todo se oscureció, la gravedad se detuvo y sintió como su cabeza comenzaba a explotar dentro de sí. Pudo sentir el escalofrío recorriéndola cuando su garganta ardía, seca. Sus gritos, el frío carcomiéndola, todo demasiado oscuro, todo fue demasiado cuando sus piernas se quebraron sobre sí tensándose sin poder reaccionar a sus ganas de patear la puerta. Necesitaba salir, necesitaba escapar de ese ascensor.

¿Qué había pasado? El aire florecía en su interior, cada inspiración ahora era pura, podía sentir como su piel ahora era acariciada por una leve brisa. Aquella palidez que no debía ver para sentir el frío que transmitía al resto. No había un suelo metálico sino que algo la envolvía y no era la oscuridad. Podía sentir la luz detrás de sus párpados, quería abrirlos. Quería ver que había más allá ¿Estaba soñando? Se obligó a sí misma a hacer algo que acabó en un insulto mental. La luminiscencia del lugar impactó como un rayo contra sus pupilas, volviéndola ciega. Sus pestañas intentaron aliviar el ardor aclimatándose a su alrededor. Todo era sombras, había una frente a ella que sobresalía por sobre el resto demasiado claro. Pero fue la voz. Fue esa voz lo que la obligó a enfocarlo con toda la voluntad que pudo - ¿Estoy muerta? – No podía ser cierto, su mente le estaría jugando una broma de muy mal gusto, pero las pesadillas se hacen tan reales como los mismos sueños, y a veces, incluso el peor y más carnal deseo es demasiado malvado como para poder encasillarlo como fantasía, por lo que los temerosos deciden cambiarlo de categoría. La visión comenzó a definirse hasta poder verlo frente a ella, era Jack. Era Ripper. No podía comprender que pasaba y por qué estaba ahí con él. Sus manos la ayudaron a sentarse sobre la cama ahogando un grito con esfuerzo. Su cabeza presionó contra sus sienes doloridas y a la vez el catéter de Suero de su brazo se movió dentro de su vena, pero no podía pensar en otra cosa que no fueran esos ojos negros que tanto conocía, tantas veces la habían reflejado y ahora sentía extraños y odiaba. Odiaba y no podía entender y menos porque estaba haciendo eso. Su rostro desencajaba con cualquier reacción posible, estaba quebrada, mareada, en shock, en pánico - ¿Qué haces tú aquí? ¿Qué hago yo aquí? – “Ataque de pánico”, mierda. Las piezas comenzaron a ordenarse con la perspicacia que la caracterizaba mientras se focalizó en la carpeta que tenía en sus manos, su sonrisa y nuevamente sus ojos. Los labios entreabiertos de Matilda no podían emanar nada más que silencio y odio y a la vez arrepentimiento ¿Por qué estaba siendo tan…tan..necio? – Dame eso Ripper, es mi vida y no te incumbe. Dámelo ahora – ¿Era una excusa para tocarlo o para evitarlo? No la había llamado, ella no le había contado pero Jack jamás la llamó y ahora la trataba como sino la conociera jugando con su historia clínica en sus manos, con su pasado y sus mil maneras de estar jodida y parecía no importarle en lo absoluto. Su cuerpo se tensó impulsándose a salir de la cama, pero la aguja en su vena se movió obligándola a maldecir en voz alta reteniéndola en el sitio -¿Cómo me siento? ¿Ahora me lo preguntas? Dios, no te importa como me siento. – No, no iba a llorar aunque su rabia atentaba contra su orgullo, a veces ocurría pero no podía permitírselo mientras sus pómulos se relajaban en una mirada neutral que lo esclavizó sin darle escapatoria al ahora Doctor Unterweger. Eran dos extraños demasiado conocidos, él era Jack y ella Matilda.
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Re: What can I do? To reach out to you. - Privado

Mensaje por Jack Unterweger el Miér Sep 11, 2013 10:33 am

"I prepare for the noble war. I’m calm; I know the secret. I know what’s coming, and I know no one can stop me, including myself. I kill people I like. Some of them beg for their life. I don’t feel sad. I don’t feel anything. " - Tate Langdon.


Por un momento se sintió paralizado cuando sus ojos azules se clavaron en el, con extrañeza, girando el rumbo de todo pensamiento razonable, aun podía recordar la última vez que esos ojos azules lo miraron de una forma en la que nadie lo había visto antes pero ahora solo parecían dos gotas de agua extraña y venenosa. Se veía confundida y anonadada cuando él empezó a moverse nuevamente a su alrededor sin quitar su mirada oscura de ella, evaluándola mentalmente ignorando todas las imágenes del pasado que venían a su mente. Sabía exactamente como se veía debajo de toda esa ropa, como se veía su piel desnuda y reluciente debajo de la pálida luz de su antigua habitación en Inglaterra, joder aun podía recordar con vivida claridad cómo se sentía aquellos labios carmesí junto a los suyos, Su voz ronca por la pasión, su risa satisfecha, el rubor en sus mejillas del color exacto de su boca que hacían brillar aun mas sus ojos de mar. La odiaba. Odiaba a Matilda aun más de lo que odiaba a su madre, y era inevitable el fuego ardiente de sus ojos negros, pero lo oculto, Jack más que nadie sabía cómo mientras se cruzaba de brazos a unos pasos de distancia de la cama. Quería jugar. Si jugar con ella, alimentar ese deseo enfermizo que corroía su interior como la más grave de las enfermedades, ¿A qué venía todo eso? No lo sabía ni entendía y eso era en el fondo lo que le molestaba casi tanto como lo había hecho su repentina desaparición.- No seas ridículo Jack ¿Desde cuándo te convertiste en una niñita?-  El sexo nunca había significado nada para él y sus encuentros fueron solo eso, nada.

No, no está muerta y no debería moverse – Dijo airadamente mientras la sonrisa simplemente se borraba de sus labios, por algún motivo no quería sonreírle, era demasiado hipócrita para su gusto. Cuando lo miro nuevamente parecía más despejada como si de pronto el conocimiento de lo que estaba pasando hubiera golpeado contra ella como una pared de hierro en la oscuridad. Guardo todo su carácter lejos en lo profundo de su poca paciencia porque después de todo era su médico y ella su paciente – Pensé que había sido claro, Señorita… - Dijo mirando el historial nuevamente, Era tan ridículo pero Jack no podía evitar dejarle claro que para él, ella ya no existía – Schmark… - Completo mirándola nuevamente. – Trabajo aquí y usted ha tenido accidente, uno de ámbito mental. Creo que el término “claustrofobia” Le puede sonar familiar, Estoy seguro que sí. – Chasqueo la lengua levantando una ceja acusador – No debió subir a ese ascensor.

Se alejo dando unos pasos atrás cuando los dos focos azules en su cara se encendieron con enojo, la reacción de su cuerpo casi lo hace maldecir cuando una ola de pura lujuria lo recorrió entero aclarándole que no estaba tan olvidada como él creía, se aclaro la garganta e hizo un sonido de desaprobación – Se ve alterada, tal vez necesite un poco mas de morfina, Dado que soy quien la está tratando estoy autorizado a tener esta información – Su voz airada mientras se giraba alejándose nuevamente poniendo distancia entre los dos, deteniéndose cuando la escucho hablar de nuevo girándose para mirarla a los ojos.

Si, eso dije. Creo que los sedantes aun siguen en su organismo, o tal vez ¿Voy muy rápido? – Ambas cejas se levantaron sobre su rostro antes de volver sus ojos contra los de ella con una frialdad casi palpable, se podía sentir la energía, la tensión que había entre los dos y se pregunto si debería pedir que Matilda fuera asignada a otro psiquiatra, no estaba actuando como debería – Lo diré nuevamente ¿Cómo se siente? – Dijo despacio su voz masculina haciendo eco en la habitación con aquel tono clínico que lo hacía sonar aun mas helado, Por un momento pudo ver la lucha en su interior, Se sentía lastimada pero como siempre su orgullo se interponía obligándola a verse simplemente enojada con el. ¿Le importaba como se sentía? La verdad es que no, era ridículo que ella pensar que Jack alguna vez se arrastraría a sus pies o reaccionaria de otra manera, No la busco, no la llamo, porque después de todo sabía que Matilda tampoco lo haría, ella no significaba nada para él. y él nada para ella, eran dos simples extraños que alguna vez compartieron algunas noches en una cama.
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Re: What can I do? To reach out to you. - Privado

Mensaje por Matilda Schmark el Miér Sep 11, 2013 1:16 pm

Las pupilas dilatadas podían absorber cada rezago de luz que alumbraba a la habitación, pero solamente había una profundidad pétrea, indómita que rugía una y otra vez y él era la causa. La gravedad obligó a Matilda a seguirlo casi por la misma inercia que la llevaba a pecar contra su orgullo cuando sus labios se despegaron para hablarle. Lo encontró sin buscarlo, lo conoció sin pretenderlo y ahora fingir que era alguien que había pasado por su vida era más de lo que su mente podía hacer. Su piel ferviente sintió como sus músculos se tensionaban ansiosos por reencontrarse, pero fue la ira que la embargaba la que puso fin a toda acción, obligando a la naturaleza de un cuerpo que reclamaba a lo ajeno a sumirse en renegar cualquier contacto. La miraba como si la estuviera estudiando, como sino conociera su piel y su voz, como sino supiera las debilidades de su cuello o su necesidad de bañarse cada vez que quedaba prisionera en su habitación. Todo comenzaba como amistad y terminaba en sexo. Ellos comenzaron como una simple relación basada en la lujuria pero ahora no había eso sino rencor. La joven cerró sus ojos tratando de borrar las palabras que retumbaban en sus tímpanos, la trataba de usted como si todo fuera un juego cuando ella sabía que había algo más y no podía soportarlo. Su mano derecha fue hacia la aguja haciendo presión en su piel, tan blanca que translucía el púrpura de su vena ahora aumentada por los líquidos que le estaban suministrando. El dolor era lo que más gustaba de disimular porque podía sentirlo cuando con su índice empujó el catéter deslizándolo por fuera de su piel dejando que gotas tan carmesí como sus labios emergieran, manchando su piel en contraste. Los párpado se elevaron frente a la presión aguda de su antebrazo para ver como la libertad de movimiento era posible, así como el nexo que la unía a Jack – No debí haberme subido a ese ascensor ¿Me lo dices como médico o como el que se está escondiendo detrás de esa maldita placa? – Con sarna en su sonrisa apática, una tras otra, la verborragia era un vómito de verdades que no lograba poner en orden en su mente mientras soltaba la aguja que cayó al vacío. Sus yemas presionaron cohibiendo la pequeña hemorragia quitándole importancia cuenco su cabello cayó sobre sus hombros y pecho al enfrentarlo de nuevo.

Confrontarlo, desde el día que lo había visto por primera vez algo floreció en ella que no pudo sino hacerle frente por miedo, y no podía comprenderlo. Una y otra vez hasta que llegaba el momento en que se perdía del mundo y lo encontraba olvidándose de sus prejuicios y temores, su mente quería implantar la jugada de que solo era por diversión y no había nada oculto detrás de ese inocente juego de niños. Juegos entre sábanas, desnudos, riendo y gritando siendo tan solo lo que todos eran, personas. Pero ahora la acusación y como sostenía esa carpeta. La vorágine empedernida del inglés volvió a desconcertarla mientras Matilda intentaba acertar que estaba sucediendo ignorando los por qué. "Aquél que dijo "más vale tener suerte que talento", conocía la esencia de la vida. La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte, asusta pensar cuántas cosas escapan a nuestro control." Con un poco de suerte se ganaba, o sino perdía. El escalofrío la recorrió recordando esa frase que su subconsciente se esforzó en recordarle mientras observaba como la sangre dejaba de fluir ya formándose el coágulo en el insignificante punto escarlata – No vuelvas a decir eso, Jamás lo leíste y ahora deja la carpeta en el suelo ¿Vas a drogarme para poder seguir mirándome de lejos? ¿Tanto miedo me tienes Ripper? Dime si voy muy rápido – Era veneno, pero era auténtica en todo sentido posible de la palabra. Había vergüenza al principio de su respuesta. Las fobias te maniataban, te transformaban en un ser dependiente de algo que no se podía controlar. Era una debilidad, pero peor aún era el origen y estaba agradecida que nada figuraba en el historial, o eso quería creer. Solo es médico, solo estaba en una clínica y no había antecedentes legales en ningún piso aunque una sonrisa entremezclada con la máscara inmaculada al recordar su venganza. No era vengativa, solamente justiciera.

Pero toda expresión se borró, ningún surco recorrió la porcelana, el azul ahora se enclavaba más allá de Jack que estaba distante, demasiado tensionado y no era el único. Schmark siempre pensaba antes de actuar, pero ahora solo hacía lo que fuera por no escuchar a sus pensamientos desbocados, por cerrar la puerta a todo lo que quisiera agobiarla en ese instante en que sus piernas viraron hacia el borde libre de la cama en un intento de asirse y correr, alejarse todo lo que pudiera pero una parte de ella, y no quería saber que tanto, se odiaba. No quería volver a dejarlo ¿Pero qué estás pensando Matilda? Nada ¿Nada? En todo. – Siento que quiero a otro médico. No se ofenda Doctor Unterweger, pero creo que está demasiado involucrado con la paciente – No lo vio, no podía hacerlo porque si llegaba a caer en sus precipicios negros todo lo que había estado intentando de encerrar se soltaría, y  no sabía si eso la destruiría. No quieres ¿No quiero qué? Lo quieres a él. Cállate. Él es tu médico. Tu eres mi consciencia. Yo soy la verdad, tu eres la excusa. Y tenía razón, no estaba actuando como Schmark, estaba siendo una niña perdida en la oscuridad y lo peor era que le encantaba. Los zafiros lo encontraron repentinamente desesperados por comprobar que seguía allí, pero fue demasiada presión que no pudo controlar. El grito agudo de la inglesa cruzó el aire mientras sentía como algo la abrazaba, era el colchón y la almohada que acogieron el golpe cuando su cuerpo se precipitó hacia abajo. Las drogas te obligan a perder la noción, el problema es cuando se la pierde voluntariamente.
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Re: What can I do? To reach out to you. - Privado

Mensaje por Jack Unterweger el Miér Sep 11, 2013 9:27 pm

"If you love someone you should never hurt them. Never." - Tate Langdon.

Su voz le llego con ese tono peculiar que había aprendido a conocer más que bien y que era característico en ella, se quedo en su lugar mirándola simplemente, sin mostrar nada que no quisiera que fuera descubierto y sacado a la luz, Era solo una imagen inanimada y sin sentimientos, sin calor, sin humanidad, eso parecía siempre Jack a simple vista y alguna vez hace más de dos años se atrevió a creer que Matilda había visto mas allá, mas profundo en el abismo negro de sus ojos encontrando que después de todo aun quedaba un poco de calor en el ártico que se había instalado en su piel y había traspasado hasta sus huesos pero luego de algun tiempo entendió que estaba irremediablemente equivocado – Se lo digo como médico psiquiatra, para eso es lo que estoy aquí. – De pronto la Matilda que el había conocido se hacia presente dejando de lado a la pequeña rubia asustada que había sido hace unos minutos atrás, su voz ronca y sus ojos altivos, solo fuerza femenina en una cara de muñeca y un cuerpo curvilíneo en el que se había permitido perderse tantas veces y que cada una estaba gravada a fuego en su memoria, maldita fuera por eso, porque cada vez que tenia a otra mujer estaba ella en su cabeza, porque era la imagen de Matilda la que aparecía en su mente  cuando su lujuria empezaba a salir a flote, De algún modo, ella lo había jodido mas que los golpes de su madre, no sabia como había logrado meterse debajo de su piel, y ahora el fuego en su interior parecía mas brillante, mas vivaz, pero de una manera diferente, ahora era solo enojo lo que brillaba a través de el. Estaba roto, lleno de todo y de nada, Confundido cada vez que terminaba con una mujer y al llegar a casa solo, sentía como un pesado sentimiento de desasosiego se arrastraba arañando su interior, tal vez ese era el punto de partida, la raíz de su enojo, desde aquellos días el ritmo de su vida había tomado un rumbo diferente. Uno que se había escapado de sus manos quitándole el control que había guardado tan celosamente toda su vida.

Su caótica mente se detuvo por un instante al ver como ella se quitaba sin más el catéter que estaba conectado con la vena en su brazo – No haga eso… - Dijo cada palabra lentamente segundos antes de que ella sin prestarle atención terminara por sacar la aguja de su vena,  hizo un sonido de desaprobación mientras se acercaba nuevamente tratando de ignorar sus acidas palabras que le enviaron  aguijonazos de enojo y lujuria por cada terminal nervioso de su aparentemente calmado cuerpo, una voz en su cabeza susurraba diciéndole que debería enseñarle que la desobediencia tenía un precio que debía pagar y que la impertinencia tenia uno igual de caro y doloroso.

Un gruñido involuntario salió de su garganta cuando apago la línea que tomaba sus pensamientos, la lujuria no era buena en este escenario, y la cercanía tampoco era su amiga en ese momento así que se obligo a retroceder nuevamente volviendo a su punto inicial enfrente de la cama con sus brazos fuertemente cruzados sobre su solido pecho, sopesando sobre lo que debería hacer, Era un hombre orgulloso y soberbio pero aunque su orgullo le nublara la vista a momentos también era un hombre inteligente, y esa perspicacia le decía que Matilda por una u otra razón era un tema delicado, porque cuando se trataba de ella su mente parecía en blanco, como una televisión desenchufada del toma corriente en la pared.

Aunque le molestara admitirlo las frases que salieron de sus labios le hicieron sentirse momentáneamente decepcionado, pero ella tenia razón, no podía encargarse de Schmark sin verse involucrado y no de buena manera. Asintió siendo consciente de cómo se negaba a mirarlo como si temiera romperse en el momento en que sus ojos como tantas veces se encontraran, era ella, la misma Matilda que había conocido hace mas de 3 años pero con una diferencia que parecería diminuta para cualquier otra persona, Pero Jack no era cualquiera, podía sentir ese pequeño cambio, esa calidez que no había estado antes - ¿Involucrado? Tengo claro cual es mi trabajo y una parte de el es no involucrarme con pacientes, pero sus deseos son ordenes, me encargare de que el medico que… - Se detuvo cuando sus ojos azules se atascaron en los suyos, viéndose perdidos y desesperados, como si intentara aferrarse a una realidad que empezaba a desvanecerse y Jack parecía tener la única balsa disponible luego todo se volvió caótico cuando su grito femenino hizo eco en la paredes de concreto cayendo como un peso muerto sobre las pálidas sabanas. El aire se atasco en su garganta mientras se precipitaba rápidamente hacia ella como la preocupación palpitándole en su pecho - ¿Matilda? – Su voz era ronca por el esfuerzo de respirar mientras ponía su mano que parecía enorme junto a su cuello comprobando las palpitaciones que parecían un poco aceleradas pero no lo suficiente para alarmarse, subió su mano hasta su mejilla apreciando la suave calidez de su piel, su ceño fruncido severamente cuando eran ahora sus palpitaciones las que corrían aceleradas por lo que parecía ser ¿Pánico? No lo sabia, pero lo que sentía no le gustaba en lo absoluto - ¿Matilda, joder… estas bien? – Dijo olvidando momentáneamente su juego estúpido mientras se estiraba para tomar el teléfono y pedir que algunas enfermeras vinieran a asistirlo, Todo era su culpa, su estúpido ego no debió interponerse en su trabajo, La miro mientras levantaba el aparato sin apartar su mano de su rostro mas que por miedo era porque no quería apartarse de la suavidad que le era tan extraña y que ella le había enseñado tiempo atrás.
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Re: What can I do? To reach out to you. - Privado

Mensaje por Matilda Schmark el Jue Sep 12, 2013 8:24 pm

How many secrets can you keep?
Cause there's this tune I found that makes me think of you somehow
And I play it on repeat
Until I fall asleep
Spilling drinks on my settee
Arctic Monkeys

Él sostenía la puerta, aguardando estoico mientras su rabia palpable obligó a que sus comisuras se tensaran en una sonrisa. Algo en aquel chico le causaba gracia en ese arrebato donde negaba lo que deseaba como si fuera un niño egoísta que se negaba a prestar su juguete preferido pero jamás lo diría, solo se defendería con la palabra No, es mío. El bullicio y las miradas lujuriosas sobre la cintura de Matilda mientras se enfilaba hacia la puerta vestida con la campera negra ajena. Era por el frío, aunque un palpitar le decía que era una marca de territorio personalizada y materializada. No, era suya. El mal genio le resultaba demasiado encantador, todo lo opuesto al terror que debería de sentir con una persona con tantos matices como aquel joven que se había reencontrado en el cine. Le había dicho algo, una sola frase que no solía decirla: Llámame. Y no lo hizo, el maldito hijo de puta simplemente no lo hizo. Escuchó algo a la lejanía, todo se entremezclaba con el sentir de un líquido apresando contra su frente, clavándose como agujas sobre su piel atravesándola desde adentro hacia afuera, era una mariposa a la inversa. Lo hermoso era la forma en la que se la percibía, kamikaze basándose en su camuflaje para que el mundo ignore lo que realmente era, un gusano. ¿Qué era eso que recorría su mejilla? ¿Eran gusanos? Su piel se deprimía contra otra tersa, podía sentir como querían recorrerla y comerla viva pero sus extremidades no respondían y los insectos seguían ahora contra su mejilla. Matilda haz algo. Abruptamente sus párpados se abrieron en un segundo, uno tan ínfimo que la luz rebotó contra los cristales azules nublando su visión espasmódica, gélida del miedo pero lo que encontró no era invertebrados, era una mano, eran dedos que apoyaban contra su piel negados a desapegarse.

Sus labios se entreabrieron tratando de comprender que estaba pasando, dejando escapar el aire confuso cuando sus pulmones colapsaron al igual que su conciencia cuando su mirada se aferro a la única vida que había en el cuarto. Eran tan negros que le generaron un escalofrío pero de pronto comprendió qué estaba pasando, o era lo que iba a disimular para no admitir que estaba completamente perdida en…¿Era un hospital? ¿Cómo había terminado allí? Y su voz, su maldito tono le sonaba familiar cuando pronunció su nombre como si la conociera - ¿Tú de nuevo? ¿Cómo hiciste para llegar aquí?¿Quién eres? – Era quien aparecía en su conciencia y no sabía cómo, de repente toda la lógica que ataba a su mente se cortó como un cordón librándola a la guillotina. Podía sentir su lengua seca por el aire que arremetía entre sus labios todavía abiertos, confusos e inertes ante la indecisión de moverse, pero el calor de su mano sobre su mejilla volvía a acarrarla a la realidad - ¿Te conozco? – Preguntas, a veces la respuesta no era lo que dolía sino el hecho de la interrogación en sí. El pánico en el rostro del ¿Médico? Logró arrancarle una risa ronca, era tan extraño y no comprendía si fue el mismo miedo o que realmente se dejó llevar que terminó riendo frente a los gestos de él que ahora parecía relajar la carcasa que no tenía ganas de desarmar. Mierda ¿Qué? Es él ¿Es real? Se llama Ripper…Ripper – Carajo, eres tú – Y su cuerpo respondió a una fuerza que no poseía pero iluso, aparentó. Sus brazos se enredaron en la camisa azul oscura, su rostro en su hombro sintiendo el vaivén de su respiración cuando entrecerró los párpados. Su tibieza la abrazaba ¿O eran sus brazos? Daba igual, estaba ahí y la joven que cualquiera hubiera pensado que estaba allí por un desorden alimenticio ahora era una mata rubia perdida contra Jack.

Hay cosas que es mejor no comprenderlas, pero el subconsciente juega con la conciencia para hacerte creer que lo verdadero es una ficción y la ficción pura veracidad. Schmark entonces entendió por qué estaba ahí, el dolor pulsátil de su mente regresó siendo testimonio de lo ocurrido mientras se separaba con pánico de Unterweger, completamente opuesta a antes pero con un gesto algo menos temeroso y mas desafiante – Já, caíste – Ella cayó, por más que su orgullo buscara alguna respuesta para despejarse de toda culpa era a la inglesa a quien le estaba jugando una mala pasada. Sus músculos temblaron reacios a seguir sosteniéndola, haciendo que la poca contracción que tuvo para abalanzarse sobre él ahora la despojara de nuevo sobre la cama, observándolo consciente desde la almohada sin liberarlo de su azul profundo, con aquella sonrisa que desencajaba en su estado enfermizo. Podía generar impotencia, impertinente y egoísta, recelosa inclusive pero divertida a la vez – Jack, Doctor, creo que me siento mal – Era un juego de palabras y sentimientos, era un juego que se abatía dentro de su mente y no sabía si se haría tan físico como si estuviera por vomitar. No, no era su fobia la conocía y jamás llegaría a ese estado por eso, era por él que había doblegado cualquier célula de su cuerpo, sensitiva o motora y ahora el estrago quería abandonarla cuando sintió su piel fría y pegajosa por el sudor, posiblemente más pálida de lo que ya era. Parecía demasiado frágil como para tolerar nauseas pero a veces la naturaleza decía las cosas a su manera, obligando a exteriorizar lo que la mente acallaba. Todo la carcomía por dentro, su garganta era la acidez en el desierto, el revuelo en su mente que presionada indómita ahora obligaba a que los reflejos de su estómago quisieran desechar toda la mierda que pasaba por sus neuronas. No quería que la viera así – Vete, estaré bien, déjame con la morfina - ¿Morfina? No, ni siquiera quería decir eso pero recordó sus palabras sobre drogas y diría cualquier cosa con tal de tener su aprobación para que se marche y no la viera en ese estado en que arrastraba sus palabras, sintiendo el fuego en su garganta previo a la desgracia. Intentó sonreír a medias en un esfuerzo sobrehumano para convencerlo sosteniéndole como podía la mirada. La conocía desnuda, la conocía drogada, no era por sensual, no quería que la viera enferma, no iba a verla débil.
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Re: What can I do? To reach out to you. - Privado

Mensaje por Jack Unterweger el Sáb Sep 21, 2013 8:46 pm

Y no olvidar...
Aceleras dejándome atrás.
y lo peor, tu sangre fría no basto. - J.M

Su piel pálida como la nieve espesa en el invierno, casi transparente sobre las sabanas de aquel mismo cremoso e inmaculado color, su aspecto etéreo casi espectral recostada, sumergida en la inconsciencia sobre la hermética cama de hospital. Su ceño fruncido mientras sus dedos inquietos acariciaban y tanteaban su piel tibia, observándola luchar contra algo, Matilda luchaba contra la inconsciencia que la tragaba entera mientras Jack esperaba parado en el final de la otra línea, esperando por ella de una u otra manera. Ella se sumergía en el burbujeante laberinto de hielo en su cabeza mientras la de Jack sufría su propia catarsis cuando enfiladas pasaban una a una las imágenes grabadas en recuerdos que se reproducían como una vieja película de terror, de aquellas que veías cuando eras solo un niño pequeño y asustado del mundo, aquel niño que le aterraba algo tan ficticio como lo que pasaba apresurado ante sus ojos, Así se sentía Jack como un niño asustado, el sentimiento lo enojaba, lo aterraba, lo tragaba entero en un abismo negro que no parecía tener final, Matilda, Matilda lo descontrolaba aun más de lo que lo hacían los recuerdos de sus madre, de aquel demonio de cabello rubio rojizo y ojos verdes que hechizaban con su belleza fría y perfecta como lo era su sonrisa seductora.

El tiempo parecía detenerse cuando lo único que podía escuchar era su propia respiración y el palpitar de su corazón sobre sus oídos, tan ruidoso que podría escucharse por todo el hospital, ¿Quien hubiera imaginado al Doctor Unterweger en ese estado de desesperación palpable? el que sus colegas y enfermeras temían, muy oscuro, muy insensible, pero era esa maldad implícita la que llamaba como cantos de sirenas la curiosidad y la lascivia de muchas mujeres, siempre se pregunto si eso era lo que la atrajo a el, ¿Eso era? Lo único que sentía Matilda por Jack ¿Era solo curiosidad? Sus ojos se abrieron de par en par dejando colgada la pregunta en su cabeza para luego desaparecer desvaneciéndose en lo profundo de su consciencia cuando sus palabras salieron apresuradas, confusas, lo dejaron anonadado. ¿Estaba jugando con él? Sintió como su sangre se enfriaba rápidamente en sus venas, su corazón volvió a su estado inicial, pesado en su pecho, enojado. La soltó mirándola con seriedad cuando se aferro a su uniforme de color azul marino atrayéndolo contra ella, contra aquel cálido cuerpo que conocía tan bien, sintió sus pechos apretarse contra él, y cerró los ojos relajándose antes de rodearla con sus brazos por unos instantes sintiendo una sutil sensación deslizarse por su vientre al percibir su perfume, vibrante y vital, como ella. ¿Qué carajos haces? Suelta, estúpido hijo de puta. Siseo la voz en su cabeza y antes de saberlo ya estaba lejos, lejos de ella, lejos de su calor tan atrayente, tan adictivo.

-¿Ya terminaste con tu juego? Si es así puedo ir a traerle el doctor que la va atender en su estancia aquí – Dijo de manera indiferente como si no hubiera estado preocupado al punto del pánico por ella hace solo algunos minutos, Podía pasar del calor al frió tan rápido que podría ser un mitómano experto si así lo deseara, pero Jack prefería la  cruda y áspera verdad antes que la venenosa mentira, siempre. Camino con paso decidido en dirección a la salida cuando su voz lo hizo detenerse automáticamente, se giro para mirarla, aquella estúpida sonrisa insolente seguía sobre sus labios contrastando con su aspecto de muñeca. Un comentario mordaz estaba por salirse de sus labios pero se lo guardo cuando su semblante cambio rápidamente, ahora se veía enferma, asqueada, pero aun con ese aspecto seguía siendo igual de deslumbrante, sin ni siquiera pensarlo regreso a su lado tocando su frente, estaba demasiado caliente, su respiración demasiada rápida – Cállate, cállate y mírame.  – Cuando ella lo obedeció miro en aquel azul profundo que lo hipnotizaba a momentos con un fuego oscuro, infernal, eterno brillando en los abismos negros de sus ojos.

Estaré aquí… Todo estará bien. – La tranquilizo apartándole un mechón de cabello rubio poniéndolo detrás de su oreja antes de tomar un recipiente mediado que reposaba sobre la mesa de noche poniéndolo en la cama - ¿Te sientes bien? ¿Quieres vomitar? Joder no te preocupes por mí, he visto cosas peores, solo dime si quieres hacerlo ¿Vale? – Cuando ella asintió ante sus palabras el hizo la misma inclinación con su cabeza, La miro a los ojos tomando su mano y entrelazándola con la suya, tan pequeña y delicada… frágil en comparación con la propia, ¿Como alguien como el podría tener a alguien como ella? A pesar de su carácter fuerte, de su humor volátil y de sus venenosos labios carmesí sabia de primera mano que  esa no era la Matilda real, pero el. Jack si era todo eso, todo lo que aparentaba, lo era… era solo oscuridad, un alma podrida en un cuerpo joven, La vida ya le había succionado todo lo bueno que quedaba en el, incluso ella le había arrancado un pedazo, el ultimo pedazo de humanidad que de forma estúpida guardo celosamente durante años, hasta que llego  Matilda, con su sonrisa brillante, su cuerpo de musa y sus labios suaves y de repente estaba perdido y sin nada en absoluto.
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Re: What can I do? To reach out to you. - Privado

Mensaje por Matilda Schmark el Dom Sep 22, 2013 12:34 pm

"So, this is my life. And I want you to know that I am both happy and sad and I'm still trying to figure out how that could be." - Stephen Chbosky

Su mano corriendo su cabello  y la tensión de sus pómulos cuando sus labios carmesí se estiraron mientras su cabeza negaba ante la tentativa de finalizar el juego. La única partida que se jugaba era dentro de su mente y una de las causas era la persona que ahora era su médico de cabecera que la obligaba a verlo a los ojos que no pudo resistir. Aunque se odiara, no podía evitar preocuparse por él, por cómo estaba y por sobre todo, que pensaba de la inglesa sentada allí cual lecho de muerte -Me has visto, eso es lo peor que pudo pasarte -  Era una maldita arpía en cada arrebato de aquella voz ronca y adolorida por el esfuerzo de hablar, sádica pero a la vez irónica era impensable que en su fragilidad pudiera ser todavía capaz de hacerle frente, pero fueron esos labios ajenos que anhelaba y no tenía, esos ojos que la desnudaban cuando ya las telas no cubrían su cuerpo, era su mente recriminando cada sentimiento que surgía por él. Era todo, era un tornado que arrasaba con todo lo conocido pero esta vez era demasiado real, tanto que borró su sonrisa cuando sintió la contracción de su tórax y la acidez que comenzaba a quemar su esófago trepando como un líquido sobre su tráquea hasta que sus manos reaccionaron en conjunto aferrándose al balde, deslizando sus dedos de la mano de Jack, su nexo con él que la obligaba a seguir consciente. Su brazo ahora libre logró ocultar el rostro de la joven cuando su cuerpo hervía sintiendo el reflejo en su garganta que no pudo evitar. Vomitó sintiendo la quemazón en sus  fauces, su cuerpo rendido, estremeciéndose en el esfuerzo de contraer sus músculos para eliminar lo poco que contenía su sistema digestivo.

Sus dedos demasiado sudorosos y cansados a duras penas podían sostener el recipiente ahora sucio, pero Matilda se negó a elevar su rostro de su escondite, cerrando los párpado sin energía para abrirlos, hasta que sintió como algo la sostenía dado que sus extremidades a duras penas lograban hacerlo – Carajo…yo…no quería…Vete, soy un asco – Su tono resonaba más ronca por el repique de su voz y rostro pegados al balde, negada a que la vea así imaginando sus mejillas coloradas por la vergüenza y su aspecto deplorable. No le importaba la mirada del mundo, o mejor dicho si lo hacía, sobre todo porque Unterweger era su mundo ¿Qué mierda dijiste? Somos quienes somos por miles de razones y nunca sabremos la mayoría de ellas, quizá él sea una. No, no seas idiota. Tu serías también la idiota. Idiota en querer necesitarlo cuando no puedes tenerlo. El dolor agudo en su mente comenzó a hacer estragos, sumado a los sulfuros que se impregnaban en su nariz al respirar negada a verlo -¿Me gané mi certificado de Justificativo Médico para faltar a clases unos días? – Intentaba distraerlo para que no la vea y era consciente de eso. No había nada de sensual en lo que Jack tenía frente a sí y aunque él estaba acostumbrado, Matilda no lo estaba a ser su paciente. Mierda. Mierda, mierda y más mierda. – Tienes peor cara que yo ¿O tan mal aspecto tengo? Vete, déjame con alguna enfermera – No veía que ocurría a su alrededor, solo sintió como el peso de la cama se aligeró y algo resonó en el cuarto, no pudo distinguir si eran insultos, suspiros de rabia o más voces. Creía que podía ser la última opción, iba a hacerle caso cuando le ofreció que sea otro quien la atienda y no él. NO.

-¿Dónde estás? Me dijiste que estarías aquí y que todo iba a estar bien. Ripperjuice, Ripperjuice, Ripperjuice – Su intento casi desesperado llamándolo para que apareciera como el fantasma que había sido por dos años, solo que Beetlejuice era animado y Ripper real. El cuerpo es testigo del maltrato de los años y la inglesa poseía demasiadas heridas de batalla. Todo se potenciaba, sus resfríos, su malestar y su fiebre. No deliraba pero si podía sentir como la paranoia la perseguía y ella escapaba hacia el único lugar seguro que ahora conocía, él. Sus ojos se abrieron de par en par pareciendo ser más grandes contra aquel rostro confuso, simulando su impertinencia si se sabía de su ironía para con la vida, pero realmente no comprendía que le estaba pasando. Su mano tanteó al vacío hasta encontrar de nuevo la de Jack ¿O era él quien lo había notado y fue a su encuentro? Se aferró con la poca fuerza que sus dedos podían. Tanto había querido sentirlo y ahora era un cuerpo casi inerte, maloliente y transpirado. Era demasiado humana y normal en ese estado deplorable.  Como garras sus dedos entrelazados lo aferraron con miedo cuando su cuerpo se estremeció frente a otra arremetida con vomitar, pero ya no había nada. Solo había quedado la sensación cuando su espalda se arqueó en un último intento por arrojar  lo que quedara, pero nada. Estaba rendida y no entendía que pasaba a su alrededor, lo único que hacía era negarse a soltar la mano que ahora la situaba en el tiempo y espacio cuando lentamente alejó su rostro de aquel caldo maloliente con la timidez bañando sus mejillas y el sudor impartiendo su frente.  No quería ni mirarlo – Quiero un cepillo de dientes y un taxi - ¿Ese era su plan? Necesitaba irse y bañarse primero, antes de poder volver a dirigirle la palabra, sus párpados se esforzaron al punto de ser apenas rendijas para visualizarlo con la penosa amenaza que podía ejercer en ese momento. No sabía cuál era su expresión pero no entendía que sucedía con sus dedos que seguían allí, perdidos en la mano ajena y reacios a liberarlo. La sarna en sus comisuras sostenía con esfuerzo esperaba que fuera suficiente para convencerlo.
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Re: What can I do? To reach out to you. - Privado

Mensaje por Jack Unterweger el Dom Sep 29, 2013 11:59 am

Goodbye my lover.
Goodbye my friend. - J.B



¿Desde cuándo había perdido la capacidad de poder ignorarla sin sentir remordimiento? Remordimiento, era tan extraño sentir por primera vez algo como eso, era tan extraño que lo trastornaba al punto de no poder pensar con claridad, Eran demasiadas sensaciones y pensamientos nuevos que le bloqueaban la capacidad de raciocinio, dejándolo a la deriva en una tormenta desconocida. ¿Desde cuándo tenía una conciencia? Alguien parecía haberle otorgado alguna sin darse cuenta, sin consultárselo y ahora un estremecimiento desagradable se deslizaba por su pecho ante las palabras que salían de sus labios tan ácidos pero tan apacibles al tacto, no podía evitar recordar todas las veces en que aquellos labios se unieron a los suyos para cumplir un único propósito, Extinguir ese deseo que sintió por ella desde el momento en que puso sus ojos sobre Matilda – No te discutiré eso – Se encogió de hombros percibiendo el cambio en su estado, maldiciendo silenciosamente cuando su rostro palideció de manera fantasmal antes de agarrarse al recipiente como si su vida dependiera de ello mientras sacaba todo de su organismo con secas arcadas. Le sostuvo el cabello rubio mientras ella vomitaba por algunos segundos que parecieron eternos y que siguieron pendiendo entre los dos aun después de que hubiera terminado, se quedo inmóvil, paciente, sin decir una palabra, podría imaginar todo lo que sentía Matilda casi como si estuviera pasándole a el mismo.  -¿Estas bi…

Se detuvo cuando la escucho hablar, su voz ronca amortiguada por el recipiente sucio sintiéndose igual de enfermo que ella, El sentimiento que se desprendía de él lo dejaba inquieto y alterado, mientras aun la sostenía. Por primera vez considero lo que sentía alguien más que él y Jack se preguntaba porque hacia algo como eso, pero ya había entendido que no podía comprenderse así mismo cuando Matilda estaba a su alrededor, tan cerca que lo único que podía sentir y pensar era a ella. – No eres un asco, Matilda… - Susurro cerca de ella ignorando su comentario fuera de lugar que intentaba y fracasaba en bajar el nivel de carga eléctrica en la habitación. Tal vez debería darle espacio para dejar que su orgullo se recuperara, descendiendo de la cama para tomar el teléfono y llamar a una enfermera que apareció rápidamente en la habitación, camino hacia la pequeña mujer de cabello moreno y ojos de color ámbar. Aquella insistente y coqueta sonrisa estaba en su rostro cuando lo miro acercarse, con algunos matices del excitante miedo a lo desconocido brillando dentro de ella, podía sentirlo y lo asqueaba aquel olor a curiosidad, pero como siempre simplemente parecía indiferente a pesar de sentirse mareado por la orgullosa mujer sobre la cama, si aquella situación hubiera pasado hace algunos años atrás tal vez se sentiría atraído ante la lascivia de la pequeña fémina de cabello oscuro pero parecía que sus gustos ahora de la nada habían cambiado.- El destino es una perra vengativa - Escucho la voz en su cabeza que se reia de el y de sus nuevas y despreciables habilidades emocionales  – No puedo encargarme de la señorita Schmark tengo otros pacientes que atender, estoy seguro que el Doctor Rob…

Guardo silencio frunciendo el ceño cuando Matilda lo llamo de una manera que lo hubiera hecho sonreír si estuvieran en otro escenario menos bizarro, camino rápidamente de nuevo hacia ella no queriendo dejar sola en ningún momento pero como estaban las cosas había decidido que era lo mejor para ambos, tomo su mano apretándola antes de tomarla en sus brazos y sostenerla como si fuera lo más importante en su vida, como si tuviera miedo de romperla en mil pedazos y no pudo perderse la mirada de desconcierto en la cara de la mujer frente a ellos – Shh.. aquí estoy, Matilda – Le susurro sobre su oído mientras le besaba en su húmeda y sonrojada mejilla antes de apartarse por su propia conmoción interior ¿De donde había salido ese paquete de ternura? aclarándose la garganta cuando un nudo amenazo con ahogarlo aun sosteniendo su mano miro de nuevo a la enfermera – Necesita a otro médico, rápido. – Dijo mirándola impaciente antes de que desapareciera rápidamente.

La miro por última vez antes de dejarla ir completamente sabiendo que probablemente no la volvería a ver otra vez – Estarás bien. He conseguido otro doctor para ti. – Se negó a mirarla a los ojos mientras se pasaba una mano por el cabello castaño cuando por fin accedió a darle lo que ella le había pedido desde el principio, alguien que no fuera él para estar a su lado en esta situación. Se giro lentamente cuando la puerta se abrió mostrando a uno de sus colegas, a uno con experiencia emocional y una sonrisa amable, ambas cosas de las que Jack carecía y de las que Matilda necesitaba en ese instante, haciendo un saludo con la cabeza y sin mirarla salió de la habitación rápidamente quedándose recostado contra la puerta durante algunos segundos, cerrando los ojos sintiendo su corazón acelerado y su respiración apenas en suspiro escuchando por última vez la voz de Matilda que sonaba al otro lado de la puerta, Así estaba mejor y así debía de ser, ella no era para él, solo le quedaba recoger sus recuerdos e intentar deshacerse de ellos, de ella. De Matilda Schmark.
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